Andres Roca Rey levanto el animo de los asistentes en un quite de enorme exposición por caleserinas
para no quedarse atrás, asegurado el triunfo de sus compañeros. No dudo un adversario que manseó mucho y embistió siempre a arreones. Roca Rey impuso su toreo y comenzó en la en el centro del ruedo con el cambiado por la espalda. Fue este sexto el de menos calidad del encierro y Roca Rey tuvo que reducir las distancias para arrancar pases de lucimiento de sus medias arrancadas, muy desiguales y sin entrega. Andres pisó terrenos muy complicados con un arrimon temerario. Finalizando su faena por manoletinas. La estocada en todo loe alto, certera, puso el trofeo en su mano para salir también en hombros.
Plaza de toros de Los Califas, Córdoba.
Segunda de la Feria de la Salud. Media entrada.
Toros de Juan Pedro Domecq.
«Cada persona en la plaza miraba cada gesto del diestro sudamericano... Y el gesto fue brindarme el toro, dejarme en custodia de la montera, marcarse una faena perfecta»
Hay algo muy poderoso en el aire cuando un torero llega caminando hasta donde estás para brindarte
una faena de semejante categoría y gloria...
Roca Rey vino caminando hacia donde estábamos sentados para brindarme el toro en gratitud por la música que escuchó y sigue escuchando... Le respondí ofreciendo mi gratitud, mi amistad y mi respeto. Y me quedé con la montera bajo la atenta mirada de toda la plaza pendiente de algo siempre trascendental como es un toro brindado a alguien entre el público...
De ahí en adelante todo fue sorpresa; el torero aprovechó cada embestida del toro (hasta las que no tenía) para bordar una faena que puso patas para arriba la plaza de Jerez... Al tercio de espadas del último de la tarde no le faltó de nada y remató el peruano con formidable estocada que desató un poderoso reclamo del público. Andrés Roca, como corresponde, volvió caminando hasta donde le esperaba montera en mano para terminar el brindis con mi correspondiente devolución de la montera (que es el gorro negro de los toreros)... La plaza era un clamor y el alguacilillo le esperaba con dos orejas y un rabo... Solo pude agradecerle buscando una mirada que estaba perdida en la distancia entre el tiempo presente y el destino...
Mientras se llevaban en andas al triunfador de la tarde (cuatro orejas y un rabo con la lógica y correspondiente salida a hombros de la plaza), el ganadero Victoriano me felicitaba. No es nada frecuente que un torero brinde un toro de dos orejas y un rabo, un sexto que vale un triunfo en la tierra del arte y del cante... Plazas con sabores. Salimos del coso en éxtasis...